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Para los emprendedores, aprender a delegar es algo sumamente difícil, ya que se ponen en juego varios factores y el emocional es uno de los principales. Tomamos posesión del negocio como si fuera nuestro propio hijo y pensamos: “nadie lo va a cuidar como yo”.

Es por esto, que la principal barrera mental que hay que romper a la hora de liderar un proyecto y trabajar en equipo es entender que no hay una única manera de hacer las cosas.

Es probable que cuando comiences a delegar tareas, las personas de tu equipo o proveedores no las realicen en los tiempos y formas en que vos lo harías, lo cual no quiere decir que no se lleguen a los mismos resultados.

En este sentido, lo más importante es establecer objetivos y compartir mejores prácticas con los miembros del equipo y de nuestras redes para que todos estén en sintonía a la hora de medir los resultados finales.

El hecho concreto es que, para que un negocio crezca, la delegación de tareas es fundamental para dejar espacio al ingreso de nuevas y valiosas ideas.

Para reprimir el instinto controlador sobre cada tarea que delegues, es importante que cuando lo hagas establezcas claramente lo que hay que realizar, los tiempos establecidos y la calidad de entrega del trabajo final, sea cual fuere.  A medida que vayas viendo buenos resultados, evitá caer en el control diario.

Invertir tu tiempo en acompañar y desarrollar a las personas que forman tu equipo de trabajo es fundamental para que el negocio crezca y sea un éxito.


Sugerencias a tener en cuenta:

– Definir la cantidad de tareas a realizar y los tiempos que puede llevar cada una de ellas.

– Identificá a la persona de tu equipo más idónea para el tema y tomate el tiempo para explicar lo que hay que hacer y asegúrate de que lo entienda.

– Explicá la importancia de la tarea; que la persona entienda que todas las tareas son igual de importantes, como las piezas de un motor.

– Evitá el segumiento minuto a minuto: establecé tiempos de entrega con tus colaboradores y ponete a disposición para brindar tu ayuda ante cualquier inconveniente.

– No castigues los errores. Ver algo mal y decir “dejá que lo hago yo” es el peor error que podemos cometer, ya que frustra a la persona que lo realizó y la mal predispone. Revisen en conjunto en donde estuvo el error y enseñale a solucionarlo para que no vuelva a suceder.

 

Lucía Pérez Pozzan