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Trabajar por cuenta propia, sin un jefe que nos respire en la nuca, sin horarios fijos y sin tener que ir a la oficina parecería ser el sueño al que muchos trabajadores en relación de dependencia aspiran.

Al momento de querer convertir ese sueño en realidad, podemos enfrentarnos a un montón de miedos y fantasmas que aparecen ante lo desconocido. La cabeza se te llena de preguntas y para lo que muchos comienza como una ilusión, puede convertirse en una gran frustración.

¿Podré vivir sin un salario fijo? ¿Conseguiré clientes? ¿Y si me va mal y luego no puedo volver a conseguir un trabajo estable? Estas y otras miles de preguntas me las he hecho (y a veces me las sigo haciendo) pero, te cuento, que siempre hay un camino que adecuado para cada uno.

 

Volver a trabajar en la oficina no es volver para atrás; se agradecido de tener trabajo sin importar el formato.

 

Allá por el año 2003 egresé de un secundario técnico con conocimientos de diseño gráfico y programación web. En el último año de la cursada, a todos nos asignaban una empresa para hacer prácticas (las famosas pasantías).

Así fue como ingresé a mi primer trabajo como diseñadora gráfica y programadora web en una empresa metalúrgica. Al terminar la pasantía, me ofrecieron continuar con contrato fijo y me quedé casi 4 años más.

Luego de tres años en mi primer trabajo, había diseñado una cantidad incalculable de piezas gráficas. Estaba un poco aburrida de trabajar siempre en lo mismo (con los misma empresa, mis rubro, mismo logo, etc.), ya había comenzado mi formación universitaria y comencé a buscar nuevos horizontes en portales de empleo.

Ahí fue cuando me di cuenta de que si bien tenía los años de experiencia suficientes -al menos los dos que para puestos junior son requeridos- y tenía muchísimas piezas para mi portafolio, todas lucían muy similares.

Ahí fue que no solo empecé a enviar currículums para trabajar en otra empresa, si no que además, enviaba propuestas para ser diseñadora freelance. Y allí comenzó todo.

 

Se paciente. A mí me llevó muchos años poder vivir de lo que amo y en el formato que quise siempre. Pero al final, todo es posible.

 

Podemos decir, entonces, que comencé a “ser freelance” desde el año 2005 pero sin dejar el trabajo en relación de dependencia.

Al poco tiempo trabajaba 6 u 8 horas por día en la oficina como siempre, cursaba 4 días a la semana y tenía algunos clientes freelance. Era realmente agotador, pero era muy joven y me sobraba energía y entusiasmo.

En el año 2009 me recibí (y liberé una gran carga horaria de mi agenda). Ese año había dejado de lado mis trabajos extra porque no me daba la vida y nunca más los retomé. Hasta que un día, allá por el año 2011, una amiga me escribió y me dijo “mis socias se abrieron de la agencia, me quedé sola y estoy embarazada, tengo poquitos clientes, me podés dar una mano?”.

 

La clave del éxito está en armar una red de contactos sólida y por más de que tu trabajo sea “independiente” ser colaborativo con pares, generoso y no ver a tus colegas como rivales.

 

Hasta ese momento no había podido cortar con el trabajo en relación de dependencia por que lo que ganaba con los extras no me alcanzaba para vivir (y ya vivía sola hacía un año). Acepté su propuesta y retomé mi “doble vida”. Con muuuuucha lentitud (por su embarazo y por mi poca disponibilidad horaria) la agencia comenzó a crecer y también nuestros ingresos.

Pero vamos, entonces ¿cómo llegué a ser 100% freelance? En el año 2013 me mudé de Buenos Aires a Rosario (Argentina) acompañando a mi ex marido por una propuesta de trabajo. La empresa en la cual yo trabajaba tenía sede en esa ciudad y logré que el genio de mi jefe gestione mi traslado. Dos meses duré en la nueva oficina.

La agencia estaba creciendo a pasos más acelerados y mis ingresos eran casi iguales a los que ganaba en relación de dependencia. Trabajaba desde las 9 hasta las 12 de la noche. Era el momento. Si no daba el salto ahí, después de tantos años de experiencia y de esfuerzo no lo daba más. Y me animé. Y renuncié.

Gracias al universo, a mi experiencia, a las relaciones, a mis contactos o a lo que fuera, jamás tuve la necesidad económica de volver a la oficina. La agencia terminó teniendo oficina propia en el barrio de Palermo, contratamos colaboradoras y trabajamos con más de 50 clientes hasta el momento en que me abrí para trabajar 100% por mi cuenta.

La historia de por qué comencé a trabajar sola no es tan interesante. Simplemente me cansé de dividir mi vida viajando de Rosario a Buenos Aires y, entre otras cosas, mi rol a distancia ya no acompañaba el crecimiento del negocio.

 

A no desanimarse si “fallamos” en nuestro proyecto como trabajadores independientes; revisar los puntos flojos y mejorarlos.

 

Conozco personas que se recibieron de la facultad y sin trabajar en relación de dependencia se lanzaron a ser freelance. Muchísimos han fallado por no tener la experiencia de tratar con un jefe, proveedores, pares, presupuestos, responsabilidades, saber cómo funciona una empresa (que básicamente esos serán tus clientes), entre otras cosas. Los que no fallaron, hoy tienen algunas falencias para tratar con clientes (se dejan pisotea o no saben pelear un presupuesto, entre otras cosas) pero, por supuesto, también conozco gente que la rompió y hoy en día son mostruos (y son más jóvenes que yo).

El camino para convertirte en 100% freelance y que sea rentable es muy diferente para cada uno. Depende del rubro en el que trabajes, tu red de contactos y tu empuje y valentía. Yo tardé un poco más que otras personas pero lo hice con toda la seguridad del mundo y jamás tuve que volver atrás.

 

 

Gracias por leerme 🙂

Lucía Pérez Pozzan

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