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“Traviajar” es el sueño de muchos y lo mejor de todo es que para la mayoría de las profesiones ES POSIBLE.

Desde mi adolescencia, esa idea se plantó en mi cabeza y siempre supe que en algún momento iba a vivir esa experiencia.

Pero por una cosa o por otra (miedos, rutina, estructuras, dinero, etc.) no pude hacerlo hasta el 2018, año en el que emigré hacia España para continuar trabajando como freelance pero desde el otro lado del charco.

Mi idea era continuar trabajando con mis clientes de Argentina a distancia como lo hacía cuando estaba en la misma ciudad que ellos. Pero también era consciente de que podían decirme que no querían seguir trabajando conmigo.

Así fue que me deslomé trabajando y ahorré durante un año (tenía un presupuesto al que quería llegar) para poder afrontar la posible pérdida de trabajo.

Para mi sorpresa la mayoría quiso continuar y hoy en día, después de un año y medio y decenas de ciudades recorridas, seguimos trabajando juntos.

 

Dejá los miedos de lado. Es normal sentir ansiedad frente a lo desconocido, pero pensá que todo lo que hagas tiene vuelva atrás y además, podés corregir sobre la marcha.

 

La llegada a España no fue como lo esperaba. Todo lo que tenía planeado se dio de otra manera. Ni para bien, ni para mal, solo diferente (hablaré de esa experiencia en otro posteo).

Mi objetivo migratorio era poder viajar por todos los lugares posibles, conocer cada rincón del planeta y descubrir otras culturas. Pero los trámites de la llegada, pagar un alquiler en euros o simplemente dejar de “deslumbrarte” con cada cosa nueva hacía que mi objetivo viajero se alejara cada vez más.

Los meses iban pasando y no estaba viajando tanto como quería (había hecho un solo viaje a Pamplona a visitar familia y por pueblitos de Catalunya durante el día). Empecé a pensar que para tener esa rutina, estar lejos de mis afectos y no estar cumpliendo mi objetivo probablemente lo mejor era pegarme la vuelta.

Pero, antes de tirar la toalla, empecé a investigar y terminé obsesionándome con blogs de viajeros que generaban ingresos mientras viajaban (hay muchísimos, pero los más completos son MARCANDO EL POLO y ACRÓBATA DEL CAMINO).

Hacer malabares en la calle, vender artesanías en la playa, ser estatua viviente en una plaza… No me veía haciendo eso para nada. No es mi perfil, no tengo esas habilidades. No lo desmerezco. Es más, los admiro porque ellos sí que cumplieron sus objetivos. Pero no era para mí.

Yo soy diseñadora gráfica, lo fui desde hace mucho tiempo y me llevo años construir lo poco o mucho que tengo hoy. No podía tirar toda esta experiencia por la borda… tenía que haber otra solución.

 

Hoy en día casi cualquier tipo de profesión puede realizarse online: diseño gráfico, publicidad, community manager, psicólogos, nutricionistas, abogados, contadores, selectores de RRHH, consultoría de negocios, escritores y mil etcéteras más. Si querés este estilo de vida fijate cómo podés hacer para digitalizar tu prefesión.

 

Horas y horas quemándome las pestañas buscando otras alternativas hasta que, a través de los chicos de @holamondo_ok descubrí el housesitting: cuidar casas y mascotas a cambio de alojamiento. Y fue LA-GLO-RIA.

El proceso es muy sencillo: la plataforma a través de la cual hice todo fue TRUSTED HOUSESITTERS. Hay “cuidadores” y “dueños”. Se paga una membresía anual (80 USD), creas tu perfil bien bien chulo y empezás a buscar casas para cuidar mientras ellos están de vacaciones.

¿Te vas a meter en la casa de un desconocido? ¿Y si se te muere la mascota? ¿Y si las mascotas son agresivas? ¿Y si te secuestran? Estas y miles de preguntas eran las que más escuchaba cuando contaba el plan.

Y me animé. Y así fue que dejé España y comencé mi aventura como nómade digital por Inglaterra. Gracias a esta forma de viajar estuve tres meses viajando sin parar por Birmingham, Nottingham, Manchester, Liverpool y York. Viviendo en casas de familias, sin pagar alquiler ni impuestos y acariciando gatitos todos los días.

El vicio de viajar se impregnó en mi alma y cuando se terminó esa experiencia piloto empecé a viajar por países más acordes a mi presupuesto. Así, estuve tres semanas en Praga, dos semanas en Cracovia y dos semanas en Varsovia. Y hubiera seguido sin parar pero tenía pasaje para ir a Argentina de visita y eso se debía acabar (por el momento).

 

Mi sugerencia es no estar menos de una semana en una ciudad (mi estancia mínima fueron 10 días) porque viajar, además de ser hermoso, cansa mucho y tenemos que poder concentrarnos en nuestro trabajo.

 

Entonces, ¿cómo es viajar y trabajar? Simple, mi día comenzaba a a las 8/8:30 am y trabajaba hasta las 16/17 hs casi todos los días. Luego salía a recorrer la ciudad en la que esté. Mi método de organización era trabajar y adelantar todo lo que pueda para tener la mayor cantidad de tiempo libre (siempre cumpliendo con mis responsabilidades). Por ejemplo, si un día llovía torrencialmente lo aprovechaba para adelantar trabajo y así, si el sol se decidía a salir el lunes, podía hacer una jornada de trabajo más corta.

 

Armá una rutina de viaje y trabajo: si llegás a la mañana a un destino no salgas como loco a recorrer todo si aún te queda trabajo por hacer. Tomá los destinos como algo natural, como parte de tu vida. Un día estás en Madrid y otro estás en Lisboa. Creeme que llega un punto en el que lo naturalizás y podés disfrutar de todo

 

“Traviajar” se puede. Y conocí a muchísima gente en el medio en la misma que yo (y que le va mejor jajaja). Sin dudas es algo que volvería a hacer y puede que más pronto de lo que imagino mi sueño se haga realidad.

 

Gracias por leerme 🙂

Lucía

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